El snuff, una vieja costumbre parlamentaria

/
3430 vistas
3 minutos de lectura
A Orillas del Támesis habita en el amor por lo inglés. Sin agitación pero con tenacidad, con rigor y autoridad, deseamos que disfruten de nuestros artículos como de las cosas buenas (el té entre ellas). Si puedes permitirte pagar 1 dólar al mes, conviértete en nuestro mecenas.

En su diminuta garita, perfectamente vestido con traje negro, corbatín blanco, y una cadena que le cruza la camisa, el ujier principal de la cámara central del palacio de Westminster vigila la entrada de la cámara.  En el interior del salón se debaten y se han debatido grandes asuntos, que no solo afectan la vida londinense y británica, sino el destino de Europa. Desde hace algún tiempo, las acaloradas discusiones que el Brexit está suscitando son suficiente como para que más de uno pierda los nervios. A diferencia de los que ocupan los sofás verdes de la sala, el custodiador de la entrada (al que llaman Principal Doorkeeper) tiene pocas comodidades y privilegios (aunque también se ahorra grandes disgustos). Sin embargo, mantiene uno de singular, que se remonta a tres siglos atrás. Se trata de custodiar un pequeño tesoro: una cajetilla de rapé que aún hoy está a disposición de los parlamentarios para calmar los nervios de sus señorías. Esta extraña tarea conlleva el derecho de tomar algún que otro pellizco mientras escucha vociferar animosamente a sus señorías y piensa en sus asuntos.

Robin Fell, el célebre ujier de la Casa de los Comunes durante 40 años, el día de su retirada en 2016.
Robin Fell, el célebre ujier de la Casa de los Comunes durante 40 años, el día de su retirada en 2016.

Una cajetilla con historia

El origen de esta cajetilla es algo incierto, cosa peculiarmente rara en la historia de las costumbres británicas, que suelen estar perfectamente documentadas. Muy probablemente su origen se remonta al año 1694, cuando el parlamento prohibió fumar dentro de la sala tras el gran incendio de Warwick, que fue un colosal desastre. Para que sus distinguidas señorías no se comieran las uñas hasta la cutícula durante las largas sesiones legislativas, cabe suponer que se les proveyó de rapé, conocido por aliviar las ansias de fumar y con la ventaja de que su consumo no precisa prender cerillas. Basta con coger una pizca con los dedos, ponerla en esa zona del dorso de la mano que une pulgar e índice y aspirarla con fuerza. La sala no quedaría liberada del mal humor, pero al menos no habría que volver a huir del fuego.

Ese célebre y extraño recipiente que se conserva en la diminuta garita del ujier, es el último vestigio de esta larga tradición británica caída ya en desuso. Por desgracia, no se trata de un objeto original del siglo XVII. La célebre cajetilla de metal fue destruida durante una ataque aéreo durante la Segunda Guerra Mundial, y desapareció en aquella infausta etapa de la vida londinense como tantos otros objetos y vidas. Es sabido que el espíritu inglés es algo verdaderamente invencible, así que se hizo otra caja para reemplazarla. Fue presentada en la House of Commons bajo una expectación desacostumbrada y fue grabada con una placa de metal que recuerda los nombres de los ujieres desde el año 1982. La placa (que se puede ver en la imagen 1) reza:

CASA DE LOS COMUNES. Esta caja está hecha de roble tomado de la antigua cámara, destruida por la acción del enemigo en 1941.

Cajita de tabaco
La mencionada cajetilla de tabaco, custodiada por el ujier de la cámara de los comunes.

La selección del tabaco parlamentario es minuciosa: invariablemente, la cajetilla guarda una mezcla con tonos florales llamado «English Rose», producido por la empresa  británica Gawith Hoggarth. La misma combinación que está disposición de sus señorías  puede adquirirse aquí y tomarse tranquilamente en el salón de casa. No me resisto a decir que Gawith Hoggarth no es una empresa tabacalera cualquiera. Ubicada en el distrito de los lagos, es una de los últimos bastiones del rapé británico. Se trata de una superviviente. Casi no quedan otras empresas dedicadas a la fabricación de esta picadura de tabaco. Su historia no es moco de pavo: se remonta a 1792, y desde esos inicios dieciochescos poco han cambiado en su técnica de producción. Sorprende que tras 200 años de picar tabaco sin cesar, casi todas las máquinas que emplean a día de hoy datan de 1750, por lo que estos caballeros de Gawith tienen el honor de poseer las máquinas en funcionamiento más antiguas del mundo.

Rapé en el siglo xxi

¡Y sin embargo!, el rapé no goza de simpatías en nuestros días, y como la política es un reflejo de la sociedad, los parlamentarios no hacen uso práctico de su antiguo privilegio. Las razones de este descrédito son palmarias, y no hace falta ser muy avispado para concluirlas: el tabaco tiene mala fama, y lo de esnifar ha quedado asociado a otra clase de drogas mucho más nocivas. Hasta 2010, el privilegio de tomar rapé por parte de los parlamentarios era poco conocido por la opinión pública, incluso por sus señorías de la cámara . La Freedom of Information request  de 2010 sacó a la luz la existencia de este derecho antiguo, y suscitó dos años más tarde una discusión parlamentaria que sería del todo inconcebible en otra parte del mundo. Esa clase de cosas, si me lo permiten, rezuman imperialismo y una historia muy densa en lo referente a la cultura del debate. Era 2012 cuando el  Green Party criticó públicamente este hecho por considerarlo muy anacrónico, cosa que suscitó algunas réplicas de miembros de los conservadores, que como siempre trataron de defender la tradición.

Para los que quieran saber más sobre el snuff, un pequeño reportaje de la BBC sobre el rapé en el Reino Unido:

Si has disfrutado de este artículo, apóyanos sutilmente. Nuestra mascota Marmite te lo agradecerá.
Become a Patron!