Thorpe: relato de un escándalo sexual

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Jenery Thorpe
"It is no worse than shotting a sick dog."

Jeremy Thorpe,  titular del Daily mirror, 1978

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La capacidad inextinguible de la BBC para cocinar exquisiteces televisivas no deja de sorprender década tras década. Sin embargo, las circunstancias actuales no son las más favorables. La televisión de hoy está obligada a satisfacer a espectadores mucho menos pacientes que los de antaño. En nuestro país, existe una manifiesta dificultad para sostener secuencias largas y  argumentos densos sin saltar a otro canal o ejercitarse en el novísimo arte del tuiteo e instagrameo. En las islas, como en la conservación de sus paisajes, la televisión pública mantiene cierto pulso con la aceleración contemporánea. Dentro de lo posible, la miniserie Un escándalo muy inglés es un interesante ejercicio de contención televisiva.

Una historia real

El argumento está basado en una historia real, bien documentado por la prensa inglesa de finales de los 1970. Abreviando y sin destripar el final: Jeremy Thorpe, líder del partido liberal entre 1967 y 1976, es acusado de conspirar para asesinar a Norman Scott. Scott sostiene que había mantenido una relación homosexual con Thorpe a mediados de los sesenta  y que en un intento de ocultar la historia de su romance, el político había tratado de eliminarlo. El escándalo que una historia de este tipo levantó en Inglaterra es fácilmente imaginable. El caso llegó a ser enciclopédico: Thorpe fue el primer parlamentario inglés acusado de conspiración de asesinato de la historia judicial del país (cosa que no se olvidan de recordar en una escena de la tercera parte). El juicio se convirtió en un acontecimiento público sin precedentes que arruinó la carrero política de Thorpe. Aquí un documental para quien desee saber más:

De novela a miniserie

Basada en una novela de no-ficción del gran John Preston, el film va in crescendo. El primer capítulo es el más flojo, debido a la necesidad imperiosa de contar precipitadamente los antecedentes del caso. Este primer acto es bastante convencional en la forma de contar la historia, e incluso previsible en el desarrollo de las escenas. Lo salva del desastre la dirección y la cuestión técnica. El segundo capítulo, más pausado y trabado, es más cuidado y ahonda mejor en la psicología de los personajes principales. Se hace patente que el planteamiento del conflicto deja espacio para esta profundización, excelentemente acompañada por los secundarios. De un Thorpe lascivo se viaja hacia un carácter muy oscuro, obsesionado con el devenir de su carrera. El tercero lleva la serie a su punto culminante, llegando incluso a recrear con fidelidad algunas fotografías y escenas reales que sobrecogen al espectador incluso sabiendo cómo terminará todo.

La serie está netamente construida como un drama en tres actos, en forma de planteamiento, nudo y clímax-desenlace. Las formas clásicas lo son precisamente porque funcionan bien a un nivel narrativo. No todo lo bueno es un invento ni todo lo malo lo convencional. Un escándalo muy inglés es una muestra patente de que la fórmula del éxito narrativo siguen siendo la expresada en la Poética de Aristóteles. 

A la izquierda, Jeremy Thorpe. A la derecha, Hugh Grant caracterizado como el político inglés.

Una recreación casi perfecta

El trabajo de Stephen Frears en la dirección de A Very English Scandal es excelente, así como el guión de Russell T. Davis, que contiene algunos diálogos memorables, especialmente entre Thorpe y su segunda mujer.  La aparición de Hugh Grant en el papel de Jeremy Thorpe es espléndida. El actor consigue que el espectador se olvide de su archiconocida cara de muchachito bonachón, eternamente adolescente, encarnado a un personaje oscuro y siniestro, del que consiguió copiar los gestos y las muecas. Por otro lado, su amante aparece como un muchacho algo neurótico, espléndidamente interpretado por Ben Whishaw, que no tiene nada que perder, y que lucha por su dignidad. En la siguiente entrevista, Grant cuenta como se metió en el papel de Thorpe:

La recreación es mérito de todo el equipo. A lo largo de las tres horas de película, hay una recomposición de instantáneas sacadas directamente de los periódicos de la época y del ambiente de las décadas de los 1960 y 1970. Se plasma a la perfección las divisiones entre el antiguo mundo conservador de Westminster y los cambios que vivió la sociedad inglesa de entonces. Tan cuidada está esta división en la concepción del mundo como lo están los espacios en los que se desarrolla la acción. Los ambientes elegantes y el club en el que Thorpe suele planear sus movimientos con abundantes conversaciones susurrantes hasta los antros y apartamentos detestables que aparecen a lo largo de los tres episodios, están perfectamente reconstruidos.

A un nivel técnico, la serie es impecable. El racord es intachable. La escenografía, vestuario y atrezzo inmejorable y la recreación de los personajes no puede ser más acertada. La siguiente pareja de  imágenes es un ejemplo de las decenas de momentos literalmente calcados de la realidad, y  prueba el esfuerzo de todo el equipo para lograr esa fidelidad:

Un fotografía de Thorpe saliendo del tribunal de Justicia, tras su victoria.
Grant recreando la entrada de Thorpe en el tribunal de Justicia.

El esfuerzo nacional

La serie sitúa en el epicentro del drama la oscuridad de los convencionalismos y los problemas que acarrean las estructuras sociales de mediados de siglo. Se abre así un debate de fondo, que planea por encima de la trama sin empeñarla un ápice. Las miserias privadas y el mojigatismo se convierten en el verdadero conflicto, al tiempo que se logra un toque de humor con el asunto de la «tarjeta de la seguridad social» de Scott. Reducido a la máxima expresión, todo el problema es precisamente esa nimiedad, tan siquiera contemplada como tal por Thorpe.

No hay duda de que el equipo de trabajo se ha documentado apropiadamente, como comenta el propio Davis, siendo esta «una exigencia de la BBC». Como no podría de ser otra forma, no solo la mirada del que cuenta, sino el ojo del que ve, toman partido ante unos hechos tan controvertidos que siguen abiertos, como anunció el Telegraph en junio del 2018.

En cualquier caso, el esfuerzo de la BBC por contar la historia reciente a las nuevas generaciones de una manera elegante, explícita en la justa medida y en esencia libre del peso de las modas es exitoso. Solo las naciones que tratan de comprender sus acciones y reacciones, por nefastas y recientes que sean, pueden sobrevivir en el mundo acelerado en el que nos ha tocado vivir. Señalarse con el dedo, es algo muy noble. Hace ya mucho tiempo que no tengo dudas de que la BBC contribuye notablemente a ese  objetivo británico.

La serie está disponible en Amazon Prime 

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